¡Levante la mano el que NO tenga un espejo en su hogar!... ¿No?.... ¿Nadie? Fíjesenamás. Contar con un espejo es tan básico como tener un retrete en nuestras vidas. El espejo cumple las reglas tanto físicas como psicológicas de la reflexión; al parecer todos los seres humanos necesitamos reflexionar al menos cada mañana en nuestras vidas, necesitamos vernos, reflejarnos, reconocernos.
Y no solo hacemos está bonita tarea frente al espejo, no conforme con tener uno en nuestra casa, también andamos reflejándonos en cada cosa que se nos pone enfrente (léase personas u objetos). Cada que establecemos una relación con alguien o algo -y me refiero desde pagarle al señor amable del micro, hasta la mermelada que elegimos para nuestros panes tostados- estamos llevando a cabo interacciones, reflexión; como quien dice nos andamos reconociendo a diestra y siniestra, establecemos nuestras relaciones con objetos como con las personas basándonos en este reconocimiento. Si yo no veo nada que me identifique en una persona o cosa pues no le voy a poner mucho interés que digamos, así es como uno se hace de amigos y de ciertos productos, a través de la identificación. Nuestra personalidad está dictada por estas relaciones, si yo conozco a alguien que tenga increíbles ideas, pues voy a adoptarlas -Sandra es la onda, eso de la reflexión y los espejos si se la compro- y si no, pues las voy a desechar pero también tomaré una postura al respecto -Pinche Sandra loca, espejos y reflexión hueva, hueva!-. Nuestra forma de vestir, nuestra manera de hablar, nuestros gestos, las palabras que utilizamos, nuestras ideas, lo que somos, son producto de estas interacciones, de estas reflexiones que llevamos a cabo en los espejos que la realidad nos ofrece. Entre mas uno se va reflejando en espejos de todos tipos: personas, lugares, cosas, situaciones, conversaciones, lecturas, ideas y un gigante etcétera pues uno tiene mas chance de explorarse a si mismo a través de la reflexión.
Y es que esa necesidad de reconocernos es taaaaaan vital para el ser humano, que necesitamos comunicarlo, como si uno le estuviera diciendo al mundo: ¡Mira! !Mira! ¡Estoy vivo! ya lo dice Javier Marias: "No soportamos que nuestros allegados no estén al corriente de nuestras penas, no soportamos que nos sigan creyendo más o menos felices si de pronto ya no lo somos, hay cuatro o cinco personas en la vida de cada uno que deben estar enteradas de cuanto nos ocurre al instante (...) que nos crean vivos si nos hemos muerto". El lenguaje es una de las formas de estar llevando a cabo la reflexión, la conversación, por que como bien lo dice Marías uno tiene la necesidad de poner al tanto al otro de nuestras vidas, por que cuando uno tiene enfrente alguien para charlar de su existencia y comienza hablar de lo que paso en el día, de como le fue en el trabajo, del chiste que le hizo reir, de la ñora del metro que aventó su bolso estando fuera, de la tristeza, felicidad, amor que le provocó tal o cual cosa, no hacemos más que pronunciar lo que tal vez en ese momento ni uno sabía, por que cuando nos narramos de paso uno se está enterando de lo que uno mismo dice, reflejándonos en nosotros mismos. Incluso cuando uno piensa, existe un monólogo, que no es mas que una forma mas de conversar, pero con uno mismo, con el ser social que se ha creado através de estas interacciones espejiles que tenemos a lo largo de nuestra vida, si lo social no es externo amigos, esta bien dentro, cuando uno se ve al espejo cada mañana, lo que ve no es un individuo, si no un ser social. El individuo es sociedad.