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jueves, 8 de abril de 2010

¡Wocka, Wocka, Wocka! A.K.A ¡Güaca, Güaca, Güaca!



Siempre me ha dado mucha pena el caso de Fozzie de los Muppets, con su afán por ser gracioso y la frustración materializada en tomates al final de cada chiste. Eso de tratar de ser gracioso y causar pena ajena no está padre -aunque parece que para algunos sí, ya que la fórmula se ha convertido en todo un género cinematográfico-. Debe ser difícil ser Fozzie, a mí se me hace que su fracaso radica en que le apuesta a la versión científica del chiste, al chiste que ya fue comprobado, el que escuchó y fue hit. De lo que Fozzie no se ha percatado, es que el éxito de un chiste radica en la contextualización, no en el chiste en sí -ya que el chiste no es más que una historia que "junta lo que la seriedad separa"- como le ocurre a las "ciencias" humanas, el error es apostarle a una fórmula comprobada en vez de involucrar al sujeto en una situación, por que si el sentido del humor se rigiera bajo esos límites, en donde las personas graciosas se definieran por las que cuentas chistes comprobables estaríamos fritos (fritos jajajajaja FAIL)


Curiosamente los chistes hacen su aparición en la ausencia de la conversación, en el silencio incómodo. Nadie dice nada y entonces: "Cuenten un chiste ¿no?" y ¡boom! del anonimato sale algún valiente y dice "yo me sé uno", las miradas se dirigen hacia el animoso interlocutor de chistes y siendo sinceros, en una situación de esas, ni el mejor chiste hace reir. Lo que puede llegar a ser gracioso es que el sujeto mientras lo cuenta se le salga el moco o que se ponga rojo o que a alguien le llamen y su tono de cel sea "güaca, güaca, güaca", es decir, lo gracioso sería la situación, el contexto.


Los maestros de la contextualización del chiste son los que poseen el humor en sus manos, son aquellos seres cuya sensibilidad les permiten entender las situaciones en las cuales están inmersos, se pueden mover en ellas, comprenden la comunicación y toman elementos de ella para crear lo que yo denomino "golpes maestros" con lo ilógico (Nota mental: tienen onda !como no!). Un individuo puede estar por primera vez en un grupo de amigos, si cuenta con está sensibilidad para detectar los códigos comunicativos del grupo, puede decir algo atinado o mínimo ubicar al patiño (Fozzie) y crear un comentario (jitomatazo) dentro de los límites comunicativos que el grupo maneja -¡vena, vena!, bueno pero el chiste local es tema para otro post- . El encanto radica en el momento, en lo inesperado. Un chiste pierde su plus cuando se repite o explica, pero si ese recurso se utiliza de sopetón, puede llegar a tener éxito, como el Güaca, güaca, güaca. Nada con exceso, todo con medida.


El humor comunica de forma simple, clara e irrefutable un mensaje. Sergio Pitol relata en unos de sus books una conversación que sostiene con Carlos Monsivais -antes de que las canas le llegaran a sus cejas- en donde éste último plantea algo así refiriendose a la clase política: "Cuando la gente los conciba sólo como ratas que son, los loros que son, y no como los soberbios leones y pavorreales que creen ser, cuando detecten, ¡Claro que les llevara tiempo!, que son objeto de risa y no de respeto ni temor, algo podrá comenzar a transformarse; para eso es necesario hacerles perder base; están preparados para responder al insulto, aún más violento, pero no al humor" Bien dice un monito que dice llamarse Boris Vian que : "la vulgaridad difícilmente puede ser ofensiva para una persona vulgar" Moraleja: la idiotez se combate con humor, por ello los cartones que publican en los periódicos nos son motivo de mesas de discusión política, que se puede decir más que: "tienen razón".


No tengo más que decir sus señorias, bueno si namás una cosa: Dedicado a mi queridilla amiga Ana V. a quién extraño tanto que hasta la sueño (no sé va a hacer tradición esto de la dedicada, no se preocupe, es ocasión es-pezial)